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las diversiones mundanas son demasiado deleznables y transitorias para hacernos felices;6 ellas nos dejan, 6 nosotros las abandonamos. gPuede acaso consistir en ellas nuestra felicidad? No, sefiores, no; porque ademas de ha- cernos traicion 4 cada paso faltandonos cuando las po- seemos 6 abandonandolas nosotros, tienen el déficit de no poder llenar lo suficiente nuestros deseos; porque és- tos, que tienen su origen en el espiritu, no encuentran su satisfaccion en la pura materia. La leccion que nos da Jesucristo en las palabras del texto es propia del Maestro divino, de Aquel que ve lo mas intimo del corazon humano, con todas sus tenden- cias, con todas sus ideas. Oigamosla todavia una vez, y desenvolvamos cuanto tiene de misterioso 6 instructivo, | para que no. busquemos nuestra felicidad en los placeres, pues no existe en ellos sino nuestra ignominia. Querer saciarse en la vileza de los alimentos propios de los animales inmundos era el ultimo grado de infa- mia 4 que llegdra aquel infeliz que pretendié pasar una vida licenciosa y divertida. Esto no es extrafio; lo que sorprende , lo que apenas puede concebirse, es que nadie proporcionaba al desdichado los medios de hartura. jEs posible? ;Qué...! No es el hombre un sér libre que puede arrojarse en ef seno de la inmundicia, y revolcarsen ella como un sér privado de razon? Silo es, amados mios; pero el mayor dote que tenemos es la libertad natural que Dios nos diera para que, segun el uso que hagamos de ella, merezcamos la vida 6 la muerte eternas. Pero entre tanto, entendamos bien que jamas encontraremos la dicha en los placeres, porque esto no esta 4 nuestro al- cance. Por mas que el alma humana abuse de su liber- tad, nunca puede hartarse en sus excesos; si no, gpor qué los einicos de la ultima filosofia exprimieron en sus obras aquellos deseos tan degradantes de la razon humana? Vergiienza me causa el decirlo, pero es necesario, para que 4 *
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