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- melodiosa armonia de las citaras, 6 a esos ‘cue sobre que hicisteis gala de vuestro pié ligero para la danza, °6 & esos espejos en que se representé tantas veces vuestro lujo y desenvoltura; si, les pregunto, y todos me respon- den con una historia lastimera que hiende mi corazon: aqui, me dicen, aqui fué donde esperaban a aquella jé- ven -elegante cien y cien adoradores; entré, fué recibida con aplausos, hizo alarde de sus gracias; mas ; qué infe- licidad! apenas diera su primer paso en el mundo, fué alevosamente acometida por la fiebre , y de aqui fué trasla- dada al lecho, y del lecho al sepulcro. Aqui fué tambien donde aquel jéven quiso rivalizar con los talentos de un competidor, y en lo fogoso de la discusion sali mal campo, y de alli ambos fueran llevados al sepulero. Aqui ha sido el origen de aquella fiebre que devoré a unos, de aquella tisis que diezm6 la ciudad, de aquellos excesos que han arruinado 4 las familias; aqui fué don- de se danzaba, se galanteaba y se divertia sin reserva, cuando repentinamente soplaron los aquilones, temblé la-tierra, fulminaron rayos las nubes, cayeron aguas 4 torrentes, y la morada del gozo se convirtié en habita- cion de llanto y de dolor. éNo es ésta, seiiores, la fiel historia de lo que pasa cada dia? gNo estamos derramando a cada paso lagrimas de do- lor sobre nuestros amados jévenes que son diezmados en la flor de sus aiios por entregarse 4 las diversiones y pla- ceres sin prudencia ni reserva? ,No hay muchas familias cubiertas de luto por aquella hija y por aquella madre que salieran del sarao agitadas, y fueran victimas dela muerte al poco de haber abandonado la dorada mansion de los placeres? gNo os acordais de aquella noche triste en que Dios mand6 4 los vientos que se soltasen para que supiésemos que atin nos puede aniquilar, noche horren= da en que alzasteis al cielo aquellas mismas manos que poco antes estaban ocupadas en vanidades y locuras? Sf;
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