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penetra la tristeza niel dolor, al contemplar que desde el asno selvatico hasta la timida liebre, desde el aguila real hasta el diminuto chupafiores., desde la desmesura- da ballena hasta el mas infimo habitante de los mares y de la tierra, ninguno se mueve sing deleitar al hombre, para proporcionarle alivio, regalo, descanso y consuelo. Hé aqui, sefiores, los regalos, las complacencias j i gtias que Dios preparara al hombre en esta vida; y nada he dicho atin, porque hay todavia otra alegria y entretees nimiento que lleva el hombre consigo mismo, que con- siste en el trato social, que necesariamente ha de unir a los hombres entre si, del cual dijo justamente el Profeta Rey que «es tan suave como el perfume derramado sobre Aaron, y mas fecundante que el rocio de Hermon, que desciende sobre el monte Sion.» El vivir los hombres en union es lo mds gustoso y deleitable que pueda darse en el mundo. Dios nos crié para esto, sefiores; quiso que nos amdsemos unos a otros, que viviésemos en sociedad, para que se eliminase de nuestros corazones la tristeza y la afliccion , y soportasemos mas facilmente las nece- sarias miserias de esta vida. Asi es que donde hay dos 6 tres congregados en nombre de Dios , alli esta este Dios derramando la paz y la alegria. No se aleja este Dios be- nigno ni del convite amical , donde reinan la sobriedad y templanza; no huye dela compafifa de aquellos que dan saltos de alegria al son de las arpas, con tal que presi- da 4 sus inocentes placeres la modestia y el pudor, pues Dios no quiere almas tétricas , sino corazones alegres. Hasta ahora, sefiores, os he presentado en bosquejo las diversiones inocentes que Dios crié para el corazon humano; son éstas un medio para desterrar la melanco- lia que es natural 4 un desterrado; usar de ellas con mo- deracion, es una virtud; pero jay! la desgracia esta en que de una cosa transitoria hacemos una estable, de lo

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