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e > oe 145 de este modo , ni se ofende Dios en ellas, ni estan pro-— hibidas 4 los jévenes, nideben tener los padres el mas minimo escripulo en acompaiiar en ellas a sus hijos. 4Pero qué diversiones y entretenimientos son los que Dios ha preparado para los hombres en la tierra? ; Ah, se- nores! Yo abandono el lecho del descanso al rayar la aurora en el Oriente, y veo & toda la naturaleza que gra- dualmente va entrando en movimiento para alegrar al . hombre; miéntras él descansa, un denso velo cubre toda ‘la tierra, para que 4 su nocturna sombra duerma el rey de la creacion; cesa entre tanto el mugido del buey , el rugido del tigre y del leon, y no se oye en aquellos mo- mentos mas que el débil movimiento de los céfiros, el suave susurro de las aguas, el triste arrullo de la tértola solitaria; y apenas su sefior se ha puesto en pié, no hay sér alguno sensible y material que no éntre 4 tomar parte en el gran movimiento del mundo para alegrar al hom- bre. Dejan las avecillas sus aéreos lechos, y encaraman- dose en Jas frondosas ramas, empiezan 4 henchir los aires con sus melodiosos cantos, para que el corazon » humano, inquieto quizas con las ideas tristes que produ- cen las tinieblas , se revista de serenidad y alegria. ;Ay! — @Quién no se extasia al considerar el bello espectdculo que presenta la naturaleza en una mafiana apacible y se- rena? 4 Quién no se alegra al oir los trinos de las aveci- llas, al percibir la fragancia de las flores, al mirar el rocio de las yerbas, esmaltadas en otros tantos diamantes cuantas son las particulas de agua que las circundan? 4Quién no se engolfa en placer al observar cémo la vid ostenta sus 6pimos frutos, que alegran el corazon huma- no, como el olivo derrama el suavisimo licor que nos for-_ tifica, cémo el trigo eleva sus abundantes espigas, cémo la palma, cual noble matrona, ensefia pendientes desu seno los dorados racimos? Si: 6l hombre meditador eleva su alma hasta las més encumbradas regiones, donde no TOMO I. 40

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