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aw 14 naturaleza de cada una de las ciencias: su origen es _ divino, sus progresos dan honor a la humanidad ; pero el - hombre las ha manoseado tanto y las ha. trastornado de tal manera, abusando de sus facultades intelectuales, que las verdades mAs claras y sencillas han sido sombrea- das con mil problemas inciertos, que confunden 4 sus mismos inventores; el escepticismo, el materialismo, el deismo., con mil doctrinas mortiferas que profesaron los filésofos antiguos y siguen las sociedades modernas, han sido elaboradas en los entendimientos de los sabios; pero de sabios que , semejantes a las lagunas pantanosas, re- cibieron las aguas del saber de manantiales cristalinos, y las convirtieron en elementos deletéreos tan pronto como las depositaron en su seno. Si esto sucede en aquellas materias que se prestan & la malicia tan s6lo remotamente y 4 fuerza de la pervi- cacia humana, 4 qué estragos no causard aquello que di- rectamente puede tender al mal? 4Podra el hombre ocu- parse en alguna tarea donde el terreno es resbaladizo sin caer 4cada paso? No, amados mios. Hénos, pues, ya lle- gados al punto esencial que hoy ventilamos. Al preparar un ataque contra los placeres y diversiones del mundo, muchos de los que me oyen me preguntardn si acaso son » malos estos entretenimientos, si acaso ofenden a Dios, si acaso pueden concurrir 4 ellos los jévenes y las don- eellas, si acaso pueden licitamente llevar 4 los espec- taculds puiblicos los padres de familia 4 sus hijos; pues al fin, como se dice comunmente , este mundo es un valle . de légrimas , y es preciso hacer lo posible para no tener que derramar muchas. No ignoraba yo ninguna de estas preguntas, y me li- sonjeo que todas tendran una respuesta satisfactoria. Las diversiones y los placeres tienen la misma naturale- za que todas las demas cosas: ni su origen, ni su esen= ‘cia, nisu fin, tienen el sello de lo malo, y sdlo el abuso
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