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dio para gozar; no tiene fijo su corazon en los caudales, ni lo ocupa la sérdida avaricia, pues lo que obtiene de su padre lo despilfarra entre las compaiieras de sus lo- curas; por otra parte, no conoce la ambicion, y quiza mira con indiferencia su nobleza innata, el lustre de su sangre y cuanto podia engrandecerlo en la sociedad, pues dejando el espléndido hogar paterno, va a vivir en- tre mujeres infames. Todo su afan consiste en pasar una vida alegre, entregado a las diversiones y placeres , por- que cree que su felicidad consiste en esto. Por esto aban- dona el lado del padre y se va 4 paises lejanos, buscando en ellos cuanto puede satisfacer al sentido depravado. Justo es, amados mios, que, despues de oida la doc- trina del Salvador, preguntemos al mismo que nos instru- ye si acaso aquel jdven encontré su dicha en los place- res, y él nos respondera que éstos, ménos que ningun otro objeto mundano, pueden formar el tejido de nuestra felicidad. No sdlo no hacen al hombre feliz, sino muy des- graciado, ora porque engendran en él un hambre de pla- ceres que jamas puede hartarse, ora porque conducen al “hombre a tal extremo de degradacion y envilecimiento, que lo haceninferior 4 los mismos brutos inmundos. Voy, pues, 4 dar un paso mas en la materia empezada , demos- trando en este discurso que «tampoco esta la dicha del hombre en los placeres y diversiones mundanos. » j Virgen sagrada! Tu que cimentaste tu dicha en Ja re- nuncia de todos los goces mundanos y en el cumplimiento de la ley del amor divino, dignate dirigir 4 tu indigno . siervo una mirada amorosa, que atraiga sobre é| las luces celestiales, que tan necesarias le son en el asunto que va 4 tratar. Oye benigna mi oracion, y no deseches la | que te dirige este devoto ‘pueblo, saludéndote pura 6 in- maculada con las palabras.gel Angel. AvE Maria

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