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respetada, ni valladar alguno que se oponga al corazon — -ambicioso, miéntras 6] mismo se devora y corroe, no en- contrando jams suficiente pabulo para el fuego que lo devora. — Si; cuando sube el hombre 4 los destinos conducido por la ambicion, su engrandecimiento personal es el fin de todas sus obras, aunque para alcanzarlo sea necesario destruir las leyes divinas y aniquilar la humanidad, pues su objeto es dominar, aunque no sea sino sobre es- -combros y ruinas. ,Qué valid para el impio Abimelec la vida de setenta hermanos degollados en un momento por poder reinar? Qué fueron para la desnaturalizada Athalia todos los descendientes de David , decapitados por su érden para ser ella la unica heredera del trono de Juda? gCudn- to peso tuvieran los sentimientos de la naturaleza en el corazon de aquel Absalon, que atropellé por todo con tal ‘que pudiese derribar el trono de su padre para elevar uno para si entre los escombros y ruinas? Cuando lee uno que el orgulloso Nabuco alza una estatua de oro y la coloca en medio de sus dominios, haciendo su propia apotedsis y mandando que todos lo adoren como a Dios; cuando re- pasamos los monumentos antiguos, y vemos descritos los horrores de los Antiocos y de los Atilas, nos llenamos de espanto y de consternacion, sin podernos acabar de per- suadir que los hombres puedan ser tan feroces; pero to- dos estos estragos se hacen creibles desde que examina- mos cudles fueron las gradas por donde subieran al mando aquellos séres que legaron 4 la posteridad un nombre escrito con sangre humana. Eran devorados por la ambicion, y de ella sola tomaron consejo en sus empre- sas, y para realizarlas se desnudaron del caracter de hom- bre y se revistieron del de la hiena. Voy 4 resumir; supuesto que miéntras haya hom- bres habra sociedad, miéntras haya sociedad ha de haber desigualdad moral entre éstos, y miéntras ésta exista ha $e
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