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oo 2 en lejana planicie aparecen enteramente desapercibidos? Otro tanto acontece al que se encuentra en el apogeo de la grandeza y de los honores; los que se hallan 4 su nivel son, 4 su parecer, hombres grandes; los que se encuen- tran en otra clase inferior, ya no valen mucho, y los que se hallan en.la Nanura del vulgo no valen nada. j Qué or- gullo! Cuidado con faltar en nada 4 semejantes hombres, pues al momento se les oye decir eon el Centurion, aun- que en diferente sentido: «Yo soy hombre que tengo gente 4 mis 6rdenes, y digo 4éste, «ve,» y va; y al otro, «ven,» y viene; y 4 mi siervo, «haz esto,» y lo hace.» Cui- dado con no llenar todos los deberes que han impuesto el orgulloy la vanidad hacia estos hombres inflados en su poder, pues tendran 4 ménos, como otro Aman, el mirar al indiscreto sino para exterminarlo. De dénde, ‘sefiores, sino de esta imperdonable arrogancia procede -esa indiferencia con que es mirado el inferior, el pobre, el desvalido, la viuda y el huérfano, para quienes ape- nas hay justicia y proteccion en la tierra? 4De dénde, sino de la altaneria proviene que en negocios en que va la vida, el honor y la reputacion de una familia, apenas puede darse un paso, apenas puede obtenerse un resul—_ tado feliz? Del orgullo, sefiores; cuando la humildad yla mansedumbre se apoderan del alma, elevada al puesto -de honor, el pobre es tan atendido como el potentado, el sibio como el ignorante, el noble como el plebeyo. jAh! Jamas el hombre dignatario es mas alto, ni mas digno -que cuando se considera siervo de aquellos que distan . mucho de él; aparece entdénces la dignidad con todo su brillo y esplendor, porque en verdad, seiores, tan bri- llante y majestuosa es la luz del sol al tocar las altas co- linas, como al derramarse en las humildes llanuras. Por eso nuestros dignisimos Monarcas tenian escogido un dia en el aiio para demostrar prdcticamente la humildad. que debe sentarse con la grandeza en el sdlio de los prin-

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