BCCPAM000591-3-10000000000000

Ja tierra y tuvieran en su mano los cetros de todo 7) mundo; pues cuando los poseyesen todos, los abrasaria y devoraria la ardorosa sed de dominar, y no pudiéndola satisfacer con mundos ideales, moririan desesperados, como sucediera al ambicioso Alejandro Magno. Miremos las dignidades y grandezas humanas por el costado mas halagiiefio; contemplémoslas como origina— das de Dios, consagradas por la Religion y canonizadas por la costumbre de toda la humanidad: gy qué son , se- flores? 4Pueden proporcionarnos una dicha ni dun transi- toria ? Cuando Jesus empezé a instruir4 sus Apdéstoles en la moral del Evangelio, les hablaba continuamente de su reino, de las preeminencias y asientos que tendrian los que le siguiesen. No entendian atin los discipulos. cual fuese este reino y cuales estos asientos, y empezé a suscitarse entre ellos cierta emulacion ambiciosa, lle- gando el caso de que dos se atreviesen a pedirle que man- dase desde entdénces que fuesen ellos los que se sentasen a su diestra y siniestra. ; Demanda aventurada, y que sdlo pudo disculpar la ignorancia! Jesucristo, tomando oca- sion de hablar 4 sus discipulos sobre las dignidades y prelacias, despues de haber satisfecho 4 sus dos discipu- los, despues de haberles enseiado quién era el mayor en- tre ellos, empieza 4 instruir 4 todos los, hombres destina- dos a mandar en la tierra con estas palabras: «sSabeis. que los principes de los gentiles no piensan sino en ava- sallar 4los pueblos, y que los que son mayores ejercen sobre los demas una potestad arbiltraria? No sera asi en- tre vosotros; antes al contrario, el que quiera ser mayor, sed vuestro criado, y el que entre vosotros quiera ser pri- mero, sea vuestro siervo.» Sdlo el divino Maestro podia decir en tan pocas palabras lo que son en si mismas las dignidades humanas, los escollos que presentan y el modo con que los hombres se han de conducir en su adquisi- cion y manejo.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz