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Pontifice Paulo IV. sancioné las determinaciones y reglas del Con: cilio y aprobé sus cfnones, y en estas tres centurias han ocurrido tales cosas, y se han publicado tales doctrinas, y se ha organizado la sociedad en una gran parte del mundo de tal manera, que, desde hace medio siglo, empezaba ya 4 columbrarse la necesidad de opo- ner un dique poderoso al ¢esborde de malas doctrinas que lo pre- tendian inva lir todo, teniendo la tendencia de querer destruir las instituciones antiguas y sustituirlas por otras modernas. No ha- bian trascurrido tres décadas del siglo actual, cuando los hombres de talento y de saber comprendieron, que la necesidad de erigir un’ valladar 4 ese torrente de malas doctrinas era mas imperiosa c - da dia, pues los discipulos y afiliados de ellas seguian en el inten- to de hacer pasar al dominio de la historia todo sistema antiguo y las instituciones m4s venerables, sin hacer diferencia entre las di- vinas y las humanas, entre lo que Dios ha dejado 4 1a libre elec- cion de los hombres y lo que Glha declarado que emana de ¢l mismg, entre lo divino y Jo humano, y entre la Iglesia, que es de institucion divina, y las cosas que son de puro derecho humano. No hay que decir, que no esté condenado implicita 6 explicita- mente en el Concilio de Trento. lo que puedan decir de nuevo los enemigos dela fé. Pero han hécho estos hombres, en verdad muy habiles, como los comediantes que siendo siempre una sola per- sona, representan sucesivamente varias personalidades, saliendo con el trage que mas les conyiene. La herejia del siglo décimo sexto ha sido um ménstrno de cien cabezas, cada una de las cua- les encerraba errores, cuya tendencia era al trastorno de la socie- dad, quitando de ello todo lo antiguo para plantear cosas nuevas. Véase la gradacion: del protestantismo nacié el jansenismo, del jansenismo salieron los apelantes, de los apelantes los disputado- res de supremacias de potestades, de estos disputadores de la auto- ridad salieron muchas cosas no muy buenas, que ocasionaron tras- tornos en la Iglesia, y dieron ocasion 4 que fuesen en momentos muy criticos casl inminentes las recriminaciones y aun la ruptura entre los poderes. A la sombra de estas disensiones se educaban los que inventaron nuevo Espiritu en las leyes, y escribieron so- bre el Contrato de los hombres y enseiiaron el nuevo derecho, el derecho del mas fuerte, cual es el de muchos congregados contra
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