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LIBRO DECIMOSETIMO. La Purificacion. ——— . Habia pasado Maria Santisima, momentos tan admira- bles y beatificos, que mas pueden llamarse dulzuras del — cielo, que escenas alegres de la tierra. En la Encarnacion del Hijo de Dios vid trasladada 4 su seno toda la gloria del paraiso: en casa de su prima Santa Isabel contempld los primeros pasos que su Hijo daba encerrado en su seno ¢as- tisimo coronados de gloria, rebosando ella misma en luces celestiales y anunciando las obras pasadas, presentes y ve- nideras del Omnipotente. Nuevas escenas de gloria se desar-_ rollaron en el portal de Bethlehem, donde el cielo con sus mo- radores dié testimonio al Dios recien nacido, y las primicias del pueblo de las promesas, expresadas en la fe encantadora de los pastores, se unieron 4 las de los Magos, que le rindie- ron el homenage que merecia como Dios, como Rey y como hombre. Todo esto habia pasado en el corto espacia de diez meses, y aunque en medio de tantas grandezas del cielo no faltaron al corazon de Maria algunas amarguras, eran, por decirlo asi, como las ligeras nubecillas, que pasan casi .desapercibidas en un horizonte bafiado con todos los — resplandores del sol del medio dia. El espectaculo tierno 6 imponente, de ver 4 tres reyes postrados 4 los piés del Nifio Dios y ofreciéndole dones cuantiosos y significativos, debié trasladar el espiritu de su madre 4 los tiempos, en que su padre David celebraba en cantos proféticos la venida de los reyes de Tarsis y de Saba y de las islas lejanas, volando en seguida 4 aquellos en que los imitarian todos los principes de la tierra, y viendo en lontananza consoladora el cuadro glorioso de todas las naciones postradas 4 las plantas de ~ ‘ SG SORTS Sema is a Saat MA A ae i ll RL bee 2 wd al
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