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Te —205— nes tanto habia servido, se aprestaron 4 apode- rarse de] alma que era toda suya. _ PRopositos. Para salvarse, no basta esperar en Dios y en sus misericordias, pues es preciso acompahar nuestra esperanza con obras buenas: si desprecia- mos éstas, 6 las miramos con descuido, caeremos en una presuncion diabdlica, como sucede a los here- ges, que no creen en la necesidad de nuestra coo- peracion 4 los méritos de Jesucristo, y a los malos cristianos, que no observan la ley de Dios, ni los preceptos de la Iglesia Catdlica, dejando para cuando se vean tendidos en lecho de muerte el asunto de su salvacion. jDesgraciades! La conde- nacion de los primeros es segura, y la salud eter- na de los segundos muy dudosa; porque como dice San Agustin, dos cosas matan é las almas, la desesperacion y la falsa presuncion. (1) Si estu- ‘viéremos en pecado, salgamos pronto de él, y pro- metamos al Sefior no anadir ni el mas minimo al nimero de tantos como hemos cometido. (2) (1), Serm, 87de Verb. Evang, (2) Fili, peccasti? Non adji- cias iterum. Eccli. cap. 21, y. 1,
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