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—198— permitié poner sobre el Salvador sus manos im- pias, se desnudaron de todo sentimiento de hu- manidad, y se convirtieron sus corazones de hom- bres en corazones de fieras. Han conseguido cuanto deseaban, arrastrando a Jesus al suplicio infame: han dado al odio pro- fundo é inveterado que le tenian, toda la satisfac- cion que cabe en fuerzas humanas, clavdndolo en la cruz é insultdndolo en sus tormentos. {~Habran concluido con esto sus intentos criminales? jAh! la soberbia de los que aborrecen & Dios, crece siempre: (1) y sube tanto mas, cuanto mayor pa- bulo se presenta 4 las pasiones brutales. Pero, iO caridad divina! Si la perversidad humana no estd harta de aborrecer y denostar al Dios hu- manado, el amor de éste no esta satisfecho hasta que no se descubra el sagrario de este amor, y se yea aquel Corazon herido de una caridad infi- — nita. Si obeecados por un furor infernal, no han visto los hombres al Criador del mundo en aquel Jesus, que al dejarse prender, ha derribado con una palabra 4 una cohorte de satélites: si no han reconocido al Cordero de Dios en aquel que no ha abierto sus labios entre los mas atroces dolo- res, cuando lo vean con el costado traspasado, se compungiran y llorarain, porque del corazon he- (1) Psalm, 73, v. 23. j |
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