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—191— dedicando el tiempo actual para la piedad y mi- sericordia. Mas, 34 quién ha dado estos tesoros de su amor y su justicia? A aquél, en cuyas ma- nos ha puesto todas las cosas, (1) y d quien ha dado todo el juicio. (2) {OQ Dios mio! El Corazon de Jesus, que eS todo amor y benignidad, {sera algun dia tan severo é inexorable, que no respi- re sino anatemas? jAy de nosotros, si desprecia- mos las riquezas de la bondad y longanimidad divinas! Pensemos sin cesar que es salud de las almas la larga paciencia del Senor, (3) para que con temor y temblor trabajemos por conseguirla. Punto secuNDO. Como Jesucristo es la luz verdadera, que muestra 4 todos el camino de la verdad, y no se hizo hombre sino para salvarnos, ensehdndonos cual era la naturaleza de su Padre, y su amor y caridad hacia los hombres, no quiso que ignordramos ni un solo momento, que siendo él el Hijo de Dios, y de su misma esencia, era in- finitamente justo: y ya que sus obras declaraban y descubrian el motivo de ellas, que era su infi- ta caridad, sus palabras manifestaban la justicia inexorable con que algun dia pediria cuenta 4 to- dos del abtso que hiciesen de las bondades divi- nas. Asi, antes de dar principio 4 su predicacion, (1) Joann cap, 18,¥. 2. (2) Ibid. cap,5. v. 22. (8) 2.” Petr. cap. 3 v. 13.

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