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—184— cillas y eich. que llenas de la gracia divina, decian que aquel era el ungido de Dios (1) y que jamas hombre alguno habia hablado ni obrado como dl hablaba y obraba (2) Era esta rectitud la que veia su Padre divino cuando anunciaba su futura mision, diciendo al mundo: he aqui mi siervo, le ampararé; mi escogido, pondré sobre él mi espi- ritu, y l promugard justicia d las naciones. (3) Y para que todos la aprendiesen, el mismo Pa- dre tuvo cuidado de manifestarlo al mundo, di- ciendo desde una nube: “Liste es mi Hijo bien ama- do, & & habeis de oir.” (4) Mas, {cuanto no hace Jesus para manifestar lo mucho que ama a4 su Padre, el celo que tiene de su gloria, y el deseo en que arde de hacer en to- do su voluntad? Brotan sus labios torrentes de doctrina, y corren las turbas 4 oirle por millares, y unos lo aclaman por gran profeta y otros lo en- salzan comod Hijo de David, ignorando que era el Hijo de Dios. Mas Jesus sabe, que en cuanto Dios es una misma cosa con su Padre, y que to- da gloria es indivisiblemente propia de los dos; pero, como sabe tambien que es hombre, apénas despliega su boca para enseiiar al pueblo, sin que le haga saber que la doctrina que les predica, no (1) Joann. cap. 7. v. ~ Q) Tbid. v. 46. (3) Isaf. cap. 42. v.1, (4) Luc. cap. 9, v. 35.
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