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—183— Dios: mas, si falta la rectitud, aun Jas mismaé ac- ciones que por su naturaleza intrinseca son bue- nas, se vuelven malas y pecaminosas. Asi Jesu- cristo reduce toda nuestra ciencia 4 aprender en la escuela de su Corazon santisimo, pues en él hallaremos esta verdad infalible que nos sal- va, y es, que la humildad y mansedumbre son las compaieras inseparables de la rectitud de cora- zon, y que solo en él se encuentran aquellas jun- to con la gracia y la inmortalidad: porque, si el primer Adan por haber torcido su corazon hacia el mal, no nos comunica sino la vida corporal su- jeta 4 miserias, el segundo por haber sido siem- pre sencillo y recto, nos puede dar con abundan- cia una vida, que es toda celestial. En efecto, acompaiia 4 las obras del Redentor una sencillez y rectitud tan grande y visible, que derraman un esplendor divino en los entendi- mientos de cuantos las ven, si esceptuamos 4 aquellos hombres de corazon perverso, 4 quienes él mismo se vid precisado 4 reprender, diciéndo- les: ¢Cémo podeis vosotros creer, cuando recibis gloria los unos de los otros, y no buscais la glo- ria que viene de Dios? (1) Era esta rectitud del Corazon de Jesus la que atraia 4 é] las almas sen- (1) Joann, cap. 5, v. 44.

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