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—176— tisimo. Y al verse tan angustiado, bien pudo de- cir con el Profeta que habia sido pobre y vivido en trabajos desde su juventud: (1) pero que en- ténces militaban contra él los terrores del cielo, (2) encontrdndose anegado por un occéano de an- gustias y atollado en lo profundo de las amargu- - ras. jAy! Bien se vé la congoja del Corazon man- sisimo, por lo que acaece en su cuerpo: (3) aque- lla frente mas serena que el cielo, se llena de som- bras: los castisimos ojos se cubren con velo de muerte: un sudor glacial recorre sus miembros trémulos y desfallecidos, y la sangre empieza 4 brotar por los poros: Jesus tiembla, Jesus des- maya, Jesus cae, y pegado el rostro sobre el sue- lo, entra en suprema agonia: 4 este extremo lo han traido las angustias de su Corazon. Pero, {por- qué ha tendido Dios su arco y disparado sus saetas contra su mismo Corazon? ;Ah! Porque el hombre levanté su mano contra el Cielo, y se armé contra él, (3) despreciando sus preceptos. {Quién no de- testard la culpa? ,Quién la cometera, sabiendo que ha costado la vida a Jesus? O amable Reden- tor, héme aqui contrito y humillado por haberte ofendido: quiero morir mil veces, antes que de- jaros de amar ni un solo instante. (1) Psalm. 87, v.16. (2) Job. cap. 6,v. 4. (3) Div. Bern. Tract. de Pass. Do, cap. 37. (4) Job. cap. 15, v. 25.

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