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—1i4— nitivo en sus dolores. (1) Jesus que deseaba con ardor indecible, que Ilegase el momento de sacri- ficarse por los hombres, (2) al aproximarse la ho- ra de dar principio 4 la horrible escena de la pasion, recorre en su mente divina todas las tro- pelias que va 4 sufrir, y contempla que va 4 per- der su vida, vida que dista de la nuestra infinita- mente mas que lo que se diferencia el cielo de la tierra. (3) Los mortales no veian en el Redentor sino un hombre semejante 4 ellos mismos; pero él sabia que valia mas su vida, que lade todos los hom- bres juntos, como que su cuerpo sagrado habia sido formado por el Espiritu Santo, y su alma tenia desde el punto de su creacion una ciencia infusa, la mayor que pueda concebirse despues de la ciencia divina que residia en su augusta persona, Ademas, siendo esta persona el mismo verbo divi- no, hacia suyos todos los movimientos del cuerpo, todas las sensaciones del corazon y todos los pen- samientos del alma, lo que da, aun 4 la mas insig- ficante accion de Jesus, un valor infinito. Y como el amor que se tiene 4 un objeto, es tanto mas grande, cuanto ¢s mas estenso el conocimiento que se posée de sus perfecciones, ama Jesus su (1)_ Div. Thom, 3, P. qu. 46, art. 6. (2) Luc. cap. 12, v. 50. (8) Div, Bernard. Serm, de Quadr, Deb,

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