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—172— eseste el prodigiode no haber perdido la vida por la violencia de las angustias que padece su Corazon, antes que los verdugos se la arranquen en los tormentos. Ninguna criatura puede producir esta angus- tia en el Corazon de Jesus, pues no tienen fuer- za para turbarlo nitodos Jos hombres con sus tormentos, ni todos los espiritus malignos con sus maquinaciones. Es él mismo, quien determina que su humanidad santisima se vea por algunos momentos, como privada de aquella virtud y for- taleza, que la da Ja naturaleza divina, con quien estd sustancialmente unida, para que caigan sobre su Corazon, como una tempestad furiosa, los te- mores, los sobresaltos y las aflicciones mas amar- gas, 4 cuyos embates se conmueva y trastorne, y, abandondndole las fuerzas naturales, entre en agonia de muerte, no siendo sabedor de este ex- tremo conflicto nadie mas que él mismo y su Pa- dre celestial. Y es este prodigio particularmente inefable; porque, quien produce esta agonia en Jesus, es el amor que tiene 4 los hombres, amor infinito, que podiaen su Corazon mas, que todos los tormentos inventados por las criaturas. jAh! Si Jesus no exhala su espiritu entre tan morta- les angustias, es porque él mismo, como Dios, sos- tiene su vida, para ofrecerla en el ara de la cruz.

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