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Rees. —171— nos sacrilegas, habiéndose visto caidos en tier- ra al pronunciar Jesus aquellas palabras, que solo convienen al Dios de eterna majestad, “Yo soy.” {1) Solo por milagro pudiera sobrevivir Jesus 4 la embestida de mil enemigos, que caen sobre él mas ansiosos de sangre que los tigres, disputdndose todos las primicias de las patadas con que lo ho- llan: solo por’milagro dejé de caerse muerto, cuan- do, armado de manopla de acero, descargé en su rostro el siervo vil la horrenda bofetada: solo por milagro sobrevivid, y pudo recibir sin espirar cinco mil azotes é innumerables bofetadas. j;Ah! Quién podra indagar las grandeZas de la sabiduria eterna, que se cubre de ignominia en un patibulo? gQuién oyé cosas tan horribles como hizo en demasiala Vir- gen de Israel? (2) Pero en medio del cimulo de portentos que acaecen, cuando elimpasible padece, el inmortal espira, y se hace victima de la muerte el que es por esencia la vida, hay uno que hubie- ra quedado encubierto entre los secretos divinos, siel mismo paciente no se hubiera dignado ma- nifestarlo en los dias de su mortalidad, ofreciendo con grande clamor y con lagrimas, preces y rue- gos 4 aquel que le podia salvar de muerte. (3) Y (1) om cap. 18.v. 5. (2) Jerem, cap. 18. y. 13, (3) Hebr. cap.5.

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