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= 3§8—. EJEMPLO. En los tres primeros siglos de la Iglesia, en que constantemente estaban los fieles expuestos 4 sufrir el martirio, eratan grande el fervor de los cristianos, que iban cada dia con premura 4 asistir 4 la celebracion de los misterios divinos, y a fortificar su alma recibiendo la sagrada Euca- ristia, descendiendo 4 las catacumbas y encerran- dose en las entraiias de la tierra, por tal de par- ticipar de la refeccion sagrada: y tenian un cono- cimiento tan perfecto de los efectos que produce la union de Jesucristo con el alma del que lo re- cibe dignamente, que no se creian aptos para el martirio, sino se armaban con este escudo de jus- ticia y este yelmo de la caridad. Sabian los mar- tires que con las armas de Jesus vencerian a todo el infierno coligado contra ellos, y que sin ellas sucumbirian, Proposiros. jAh! Aunque en estos tiempos no nos veamos precisados 4 dar la vida por la fé, porque los ti- ranos y perseguidores de aquella especie no exis- ten, debiéramos vivir como si tuviéramos que mo- rir cada dia por Jesucristo; pues el combate 4
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