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~ a contra él todas las pasiones brutales de sus ene- e que lo condenen 4 morir, compla- él al ver con que crueldad lo clavan en y y gozindose porque va 4 morir aquel, a qusedt tei podido vencer, cuando lo ha tentado por el orgullo, la presuncion y la concupiscencia de Jos bienes terrenos. (1) Entre tanto, Jesus se deja tratar como un crimi- nal, 6 un esclavo, y apénas ha horadado el hierro sus divinas manos, empieza 4 brotar de ellos un torrente de infinita luz, que deslumbra al enemi- go, y una inmensa fuerza que lo aterra, porque en aquellos clavos, que taladran las manos de Jesus, esta escondida su fortaleza. (1) Solo faltaba que ~ Jesus subiese al trono de ignominia, que Lucifer le habia preparado en su furor, para empezar a manifestar aquella fuerza con que ha ablandado el corazon de su Padre, ha desarmado su brazo ro- busto, y escitado su misericordia, pidiéndole per- don para todos los hombres, sin esceptuar 4 los mis- mos que lo crucificaban, y para descubrirse ya, co- mo abogado del mundo, Seiior del reino celestial y consuelo de los pecadores arrepentidos. jOh qué fortaleza estaba oculta en el corazon de Jesus! jOh qué yirtud ha salido de las ignominias! Mas, conviene saber que esa victoria que ob- (1) Math. cap. 3.v.369. (2) Habac. cap. %, v. 4.

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