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—165— . les al mismo tiempo las armas, con que habisn de pelear para vencer, pues son poderosas para des- truir fortalezas. (1) Y era necesario que todo un Dios nos mostrase la fuerza de estas armas, y nos precediese en su manejo y aplicacion; porque el hombre sabia que habia sido vencido por su orgu- llo y presuncion: mas, no podia saber, si Dios no se lo ensehaba, que toda la fortaleza le habia de venir por la humildad, obrando en contradiccion con lo que ensefaba el mundo acostumbrado 4 ser fuerte con la violencia, y 4 dominar 4 unos con astucia y 4 otros con temor. Pero, jquién no bendice al Seiior, al contemplar la sapientisima economia con que oculta su fuerza divina entre las abyecciones, para vencer al enemi- go del hombre? El fuerte armado guardaba su fortaleza leno de orgullo y presuncion; y para arrancarsela de una vez, no hizo Dios mas que presentarsele delante en forma de siervo. Desde que hubiera hombres en la tierra, no habia visto Satands un ser mas manso y humilde, ni menos accesibled los movimientos desarreglados del alma, puesni las alabanzas lo engrien, ni las persecu- ciones lo turban, ni Jas injurias lo alteran. Tanta mansedumbre lo irrita, no pudiendo sufrir ver hollado su imperio por un hombre: y suscitando (1) 2.* Corint. cap. 10. v. 4.
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