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—164— se tiende sobre ella, y v4 alargando 4 los sayones sus manos y pies para que los claven, no habien- do querido beber el vino aromitico despues de haberlo gustado, para padecer mas. A este estre- mo llega la fortaleza de Jesus, para soportar los tormentos del cuerpo y las aflicciones del alma. iO enan incomprensible es para el hombre, y cuan inefable para el angel! Pero de poco nos servira conocerla, si no nos revestimos de aquella virtud de la cual sale la fortaleza del Hijo de Dios, que debemos imitar. Es esta la humildad con que Je- sus se ha sujetado 4 su Padre, 4 quien podemos contemplar con los ojos de la fé ligando 4 su pro- pio Hijo, no yacon las cadenas de nuestra fragi- lidad, sino con los vinculos de su eterna caridad, para que bebiese por nosotros el caliz de la pa- sion. (1) jAh! Si queremos tener fortaleza de es- piritu, la hemos de buscar entre las virtudes que la dan, que son la paciencia, la mansedumbre y la humildad. Punto sEGuNDO. Como Jesucristo supiese las persecuciones que el mundo habia de suscitar contra sus imitadores, no quiso que aquellas los cogiesen desprevenidos, ni que se encontraran sus discipulos desarmados cuando Jlegasen. Asi les dijo claramente cuanto les acaeceria, ensefidndo- (4) Teupert. Alb, iD, 6, in Genes, cap. 51, a a

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