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—163— que repartida entre todos los angeles, bastaria para cubrirlos de eterno luto: y si hubieran de dividirse entre todos los hombres los dolores de aquel cuerpo unido 4 la divinidad, serian suficien- tes para hacerlos morir en un instante; ;Ah! Solo de pensar que la pasion es inminente, cae Jesus en agonia y suda sangre: y poco antes de consu- marla, se queja amorosamente 4 su Padre que lo tiene abandonado. Porque es tanto lo que ha pade- cido su cuerpo, que ha caido tres veces bajo el pe- so de lacruz, y clavado en ella, lo devora una sed abrasadora producida por Jos dolores interiores que escitan el calor natural, consumen los humo- res y abrasan las entraiias del paciente. (1) Contemplémos, entre tanto, la fortaleza de su Corazon divino: sabe Jesus que llegan sus ene- migos para apresarlo, y sin esperar a que ellos se aproximen, les sale al encuentro, diciéndoles que él es el Jesus Nazareno 4 quien buscaban, (2) y que podian echarle mano, por ser aquella su hora y la potestad delas tinieblas. (3) El mismo, obede- ciendo al verdugo descomedido, se despoja de sus vestiduras y arrima sus manos 4 la columna para ser ligado y azotado: (4) él mismo carga su cruz, y al llegar la hora del sacrificio, é] mismo tambien (1) Cyril. Alex, lib. 13, in Joann. “2: 35. @ Joann cap. 18.v. 8, (3) Le, cap. 22. v.53. (4) Revel. 8. Birgit. lib. 1. cap. 10. . 12
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