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—162— fuerza, que inutilizan todos los proyectos de sus enemigos, pues donde ellos creen labrar la ruina del Justo, ha establecido este su triunfo y su vic- toria. . {Qué corazon no se enternece, al ver cudn in- dignamente es maltratado el Redentor? Mil picas y alabardas se asestan 4su pecho para prenderlo, como si fuera un Jadron: (1)dsperas maromas atan sus manos: cruel manopla hiere su rostro; innu- merables azotes abren sus carnes; un rey sacrile- go lo tiene por loco, permitiendo 4 sus cortesa- nos que se diviertan con ¢l como con un fatuo; una soldadesca cruel y sarcdstica lo corona con tanta ignominia como dolor: un juez barbaro lo compara con un homicida: un pueblo insensato lo pospone & un asesino, y des ladrones lo escol- tan al morir, para que aparezca ser el mayor de los bandidos. Mas, entre tanto, ni Jesus se queja contra los verdugos, ni se irrita contra sus ene- migos. '. jGran Dios! ;Qué portento es éste? ,Acaso es el Corazon de Jesus insensible cuando lo motejan de blasfemo y perturbador, y merecedor de toda afrenta, 6 no sufre su cuerpo al ser herido sin piedad? jO arcano inefable de la fortaleza de Je- sus! Es tan inmensa la amargura de su Corazon, (1) Math. cap, 26. vy, 55. F

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