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—159— contradicciones, tentaciones y sequedad de espi- ritu; y era tan dura algunas veces la afliccion que padecia, que la parecia estar como abandona- da de su esposo celestial, lo que era para ella una pena mas amarga que la muerte; pero, entretan- to, era tal el horror que tenia a la culpa, que an- tes se hubiera dejado despedazar mil veces, que consentir en una sola ofensa contra la ley de Dios. PRoposiTos. De este modo servian al Seiior los santos, y si aspiramos i’ ser un dia sus compaieros en la glo- ria, hemos de juzgar como ellos, que en este mun- do no hay otro mal de quedebamos huir mas que el pecado; porque todos los otros han sido dulci- ficados desde que Jesucristo los santificéd con sus sufrimientos, y solo Ja culpa, fué la causa de las amarguras inexplicables que padecid. Prometa- mos pues al Sagrado Corazon de Jesus huir del pecado como de la vista de un ispid, no admi- tiéndolo, ni siquiera en nuestro pensamiento, pues si damos asenso 4 las sugestiones malignas, tarda- remos en consumarlas tanto cuanto diste la oca. sion, 6 nos asistan las fuerzas,
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