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—156— porque, teniendo una naturaleza inocente, ni el gozo, ni la tristeza, ni la afliccion podian sobreve- nirle, sin que su voluntad lo mandase. (1) Asi es que, cuando se advierte en el rostro del Salvador alguna sefal de turbacion de su Corazon, seme- jante 4 las que involuntariamente sobrevienen 4 los demas hombres, no son los objetos exteriores, ni las desgracias las que la producen, sino el im- perio de su voluntad, que manda al Corazon, y entonces Jesus gime en su dnimo, y se turba a si mismo. (2) Muchas veces con rostro apacible y animo se- reno habia dicho 4 sus discipulos cudnto habia de padecer; mas, al acercarse el momento en que quiere demostrar que tiene un Corazon sensible, manda 4 la tristeza que se vaya apoderando de él y ejerza sobre este Corazon toda su fuerza, lle- ndndolo de tédio. (3) No era sin embargo esta - tristeza una necesidad de Ja naturaleza humana, sino un efecto de su voluntad, que quiso transfi- gurar en si el cuerpo mistico de la Iglesia, de la que es Cabeza: asi sabrian los fieles que no es pecado el sentir tristeza y dolor en los infortu.- nios, ni se juzgarian decaidos de la gracia divina, cuando sintiesen los movimientos de la miseria (I) Sti. Joan. Damascen. _ Lib. 3 de Fid. ortod, cap, 20. (2) Joan, cap, 11, v, 83. (3) Math, cap. 26 v, 37.
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