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—1L3— Serafines, reflejando como reflejaba en ella la sa- biduria eterna y la suma felicidad, con que Dios es dichoso en si mismo. {Podia este amable Jesus, que es la alegria de los angeles, padecer tristezas y aflicciones, siendo estas, como son, la herencia de Ja humanidad heri- da por el pecado, que el Hijo de Dios no contrajo, ni pudo cometer? ,Podian sobrevenir al Corazon ‘de Jesus los temores, el miedo, la melancolia y la tristeza? Nada de esto puede acaecer 4 una alma que goza de la bienaventuranza. Mas, jé6 caridad infinita de Jesus para con los hombres! Queriendo elevarnos 4 nosotros hasta lo mas su- blime de la inmortalidad, se digné descender a lo mas profundo de nuestras actuales desventuras, probando en su Corazon esas tristezas intensas y destructoras de nuestra dicha temporal, que aci- baran nuestra vida al amenazarnos una catistro- fe suprema é inevitable. Solo el mismo Jesus, que es Dios, sabe como ha podido conciliarse la suma felicidad de que goza con la afliccion extrema que padece, cuan- do llega el tiempo en que él mismo determina que caiga sobre su Corazon toda la violencia del dolor; y para que pudiéramos nosotros rastrear algo de este portento de su amor, fué preciso que 61 mismo dijese 4 sus discipylos que estaba au al-
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