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—147— nerosidad: y por tal de que nos aprovechemos de su misericordia, nos da hasta aquel gozo que es suyo, (1) al lado del cual todo placer es tristeza, toda suavidad dolor, toda hermosura fealdad, toda delicia molestia, y toda dulzura amargura. (2) jAh! éQué sera de nosotros, si por los harapos de las riquezas mundanas y la podredumbre de los pla- ceres sensuales, perdemos riquezas infinitas, glo- vias inexplicables y dichas inmortales? Pensé- moslo bien y temblemos. Punto secunpo. Llevando, como lIlevdmos la gracia de Dios en vasos de barro, no_ siendo ca- paces de hacer nada por nuestras propias fuerzas, que merezca la vida eterna y viviendo en un combate continuo de Ja carne contra el espiritu, seria imposible conservar la vida espiritual, si i cada instante no nos diese Dios aquellos auxilios, que obran en nosotros, asi el querer, como el ejevu- tar segun su buena voluntad. (3) Por eso Jesu- cristo, no contento con habernos regenerado, abre los tesoros de su Corazon, para que nos yengan de esa fuente inagotable cuantas gracias necesi- tamos, y con su ayuda perseveremos hasta el fin. jCudntos dones se derraman de este Corazon! El es el gérmen de vida para los que estan unidos (1) Joann. cap, am V. 11. (2) Div. Bern, epist. 114. (3) Philip, cap. 2. v. 13, il

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