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—145— de los hombres? Pudiera haberles cabido la mis- ma suerte que 4 los angeles malos, quedando re- probados por toda la eternidad. jCudnto caudal tiene que presentarse para comprar la libertad de tantos esclavos! jQué ma- nantial de vida no es necesario para animar de nuevo & tantos muertos, y qué esfuerzos no ha- bra que emplear para echar una palanca 4 la puerta del infierno, que se ha abierto y alzar los candados de las moradas del empireo, que se han cerrado! Elevemos nuestras almas en las alas de la fé, y contemplemos al Dios de infinita mages- tad irritado por la apostasia del hombre, pero de- terminando salvarlo en su misericordia. ¢ Quién trad por nosotros? gd quién enviaré, dice este Dios amoroso? (1) ;Ah! Los cielos temblarian, si esta voz quedase sin respuesta; pero Dios engendra eternamente i su Unigénito bien amado, que quiere presentarse por tiador de los hombres, comprando su libertad, pagando sus deudas y des- truyendo la muerte para darles vida. Aqui es- toy yo, dice 4 su Padre, enviame. (2) Cuando en la plenitud de los tiempos entra en el mundo este Rey del cielo, revestido de nuestra carne para salvarla, dice 4 su Padre lo que le ha (1) Quem mittam? ous ibit nobit? (Isai. cap. 6. v. 8 (2) mane ego, mitte me. Ibid. Mi eae daha <a

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