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piritual, y sacando 4 nuestros préjimos del esta- do de Ja culpa, si podemos: mucho menos nos po- demos eximir de tener celo de nuestra propia sal- vacion; pues debemos guardar nuestra alma, y darla honor sequn su mérite. (1) Si pensamos mas en el cuerpo que en el alma, caeremos en la desgracia, que anuncia el Espiritu Santo, dicien- do: el hombre, halldéndose honrado, no lo entendis; comparése con los brutos y se hizo semejante ¢ ellos. (2) AFECTOS. O Jesus mio, bien sé yo, pues vos lo habeis di- cho, que una sola cosa es necesaria, y es la salud de mialma. Bien veo que por mi ingratitud mere- cia que se secase la fuente de la piedad, que no eayera sobre mi el rocio de la misericordia, ni el manantial de Ja gracia; pero, no permitais que pe- rezea por mi alicia lo que hizo vuestra bondad. (3) Padre nuestro ete. como el primer dia. ; (a). Becli. cai 10, v. $l, (2) Divi. Aug. serm. 56 de Tempo- ee 8) Non pereat in malitis mea, Guod open ak bonitas tua, Div. Aug. Solilog. cap. 11.

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