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Las oculta, para que no teman los hombres acer- carse 4 él, como acaeciera en el Sinai al publicar la alianza antigua, pues su voz los Ilenaba de ter- ror: las descubre, cuando los ha atraido 4 si, pa- ra que sepan que es Dios quien les habla, y que pueden abrirle su corazon como a4 un amigo y hermano, y creanen él y se salven. {Qué senci- llez en sus palabras! {Qué atractivo en sus mira- das! {Qué magestad tan amable en su aspecto! jCémo previene 4 los pecadores! jCon qué ternu- ra les habla! ;Ah! ;Quién no amara 4 Jesus, vién- dolo tratar con una pobre pecadora del modo de odorar 4 Dios en espiritu y verdad? Viene es- ta d sacar agua del pozo de Jacob, donde Jesus esta sentado, todo sudado, empolvado, fatigado y sediento: pide agua 4 la Samaritana, que rehusa ejercer esta caridad con un Judio. {Quién no se asombra al ver la suave economia con que Jesus - convierte 4 esta pecadora, escitando en ella el deseo de adquirir el rico manantial de aguas vi- vas de que se dice poseedor, descubriéndola en seguida cual ha de ser la pureza de corazon pa- ra adorar al Padre celestial, manifestandola en el acto su vida pasada, anunciandola el porvenir y diciéndola por fin que era él el Mesias que todos esperaban, para aprender de sus labios la verda- dera religion? (1) (1) Joann. cap. 4, v.67 &e.
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