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: ae REE s s ———— 4a : ‘ 7 e —26— de rapifia cometida por particulares en tan vasta escala‘.» Hay que aplaudir ese politico protestante por la oportunidad de esa confesion: pero, hay que decir que carece de sinceridad en lo que dice de particulares: pues es sabido que el comodoro angloamericano salié del Callao con las proclamas impresas para ir 4 apoderarse de Monterey, y tambien es sabido queen la batalla de San Jacinto , que fué la que decidié la suerte de Te- jas, eran oficiales y generales de los Estados-Unidos los que mandaban las tropas, que eran tambien en su mayor parte soldados sin uniforme de los mismos Estados. ; Vaya! Siempre han de andar juntas con la injusticia la mentira, la ficcion y - la hipocresia. De este mismo modo de proceder fué testigo la Europa sane cinco afios: el aventurero Garibaldi embestia 4 Roma en mil ochocientos sesenta y siete, yendo Asus muros con turbas que levaban el nombre de avenlureros como su jefe, que obraban por cuenta suya, y en realidad eran la mayor parte soldados del ejército del Piamonte, a quienes se les insinuaba con ha- bilidad que desertasen y vistiesen la camisa roja. La estrata- gema no surtid su efecto, y enténces se determind cometer & la faz del mundo el.mas inicuo, el mas desalmado, el mas desvergonzado, el mas barbaro y salvaje de los despojos que los siglos han visto. Precediéa este atentado la rapifia de Napo- les y Sicilia, donde fué el mismo aventurero con turbas de camisa roja, aparentandose en la Gaceta y en los diarios ofi- ciales del Piamonte, que obraba aquel por su propia eleccion., y sin embargo, se le permitié reclutar gente. en, los Estados Sar- dos para la empresa, se expedian nayes guerreras, que en apariencia lo persiguiesen, y en realidad lo escoltasen, y por ultimo resultado las tropas del rey sardo entraban en Ralerane ; : Aaieain Méjico desde mil ochocientos ocho & mil ochocientos Sesenta y siete. tom. 2.° cap. XI.
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