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— 492— cae: $5 sient 5 Sf tm on derecho armado:- "No’es nod ‘admitir un’ principio falso, sin dani’ tam- bien sus consecuencias : asi, no es posible establecer en politica el principio de la soberania del pueblo, sin que el monarca que la admita, tenga que adoplar los medios conducentes a repri- mir Jos avances de la muchedunibre , que son siempre brutales. El derecho del pueblo es permanente, y por consiguiente, la fuerza para dominarlo tiene que ser tambien permanente. Po- dra suplirse en mucha parte esta fuerza con la astucia, arma — poderdsa de la politica para alucinar 4 los pueblos con teorias que no se ejecutan, y con promesas que no se cumplen, como lo vemos en pueblos tenidos por precursores de la civilizacion moderna: pero esto no es sino dorar ligeramente' cadenas de hierro {Qué provecho sacan, por ejemplo, los pueblos con te- ner derecho 4 ir firmatido en un volimen inmenso una repre~ sentacion al soberano, llevandéseese libro en una carroza tira- da por ocho alazanes , éstos , cubiertos de cintas-y luciendo mag- nificos penachos, y aquella, adornada con vistosos’ terciopelos y de guirnaldas deslumbradoras? Nada mas que el alucinamiento que prodiice el formar procesiones de muchos miles de ciudada- nos, y el ir ostentando un cartelon que dice: Pueblo soberano. Entre tanto, el mamotreto pasa 4 las Camaras, y se discu- te, y se desecha, sin impedir que ese pueblo, que se llama so- berano, sea una muchedumbre sometida a toda clase de mise- rias y de vicios, y'sumergida en gran parte en‘la mas estipida ignorancia. Doradas son esas Cadenas ante la imaginacion de un pueblo, que abdica cuanto tiene por el gusto de decir que es un pueblo libre; pero, al fin, son cadenas. Cadenas son esa igno- rancia en religion, casi general, en todos los pueblos separados de la Iglesia catélica , de uno de los cuales se sabe que hay en él hasta millones de individuos que no han oido decir siquiera

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