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— 164— pas *, no se daba\ pase a la Bula Auctorem fidei , que era dog- miticg -y condenaha’ ‘varios errores profesados publicamente en el sinodo cismastico de. ‘Pistoya, negandola el exequalur por espacio de once afios. jHay que extrafiar que Dios haya per- mitido que desapareciese el Tribunal que en vez de'servir a Dios, a la Iglesia y 4 la fe, ‘solo servia @ miras humanas? No ie extrafiamos. wi am ‘Entre tanto, poniendo las cosas en su waite sialon de- jar consignado que la Santa Sede no es responsable de los abu- sos que sé introdujeron en el Tribunal del Santo Oficio , por haberse convertido éste, de tribunal eclesiastico, en civil. Y cualquiera que sea el monarea, que no ha seguido las reglas suaves y sabias dictadas por la Iglesia, resulta que es falsa la asercion de los protestantes, cuando dicen que ‘por cuanto log de Espafia han estado atados 4 la politica de Roma; hat’ come- tido excesos y violencias: al contrario, hay que advertir que aquellos han tenido lugar,” ar haberde! desviado de los conse- jos y preceptos de lalglesia, Despues de todo, hay cosas que’ son iifiles, convenientes y aun necesarias en una época, que dejan de serlo en otras. Los hombres éminentes que vivian enlos tiempos de Isabel la Catdli- ca, creyeron que no podian cortarse los males de’ que adolecia Espaiia, si no se tomaba una medida fuerte y eficaz: por muy linees que queramos ser los que distamos ya cuatro siglos ‘de aquella época, jamas podrémos ver lo que veian los que sentian y palpaban esos males. Los protestantes vinieron al poco, y se encontraron con el valladar insuperable del Tribunat , adminis- trado por hombres probos)'y bajo la protection’ de monarcas tan rectos y bien intencionados como Carlos I. y su hijo Feli- pe If, que no les dejaron poner'un pié en Espaiia, y con eso esta dicho todo. De alli su rencor : hine ire. ‘Tal és el objeto dé su obra, eneealade : La Constitucion — tiea y los retratos dé los Papas. isang i ee ait a
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