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~— FH — posa del Cordero sin mancilla, volvemos ardecir, no tiene mas ‘Sangre enstis manos y en;su-blanco ropaje, que la seer pia, la de sus hijos derramada por los perseguidores. - - Vamos a:dar mayor ampliacion4 esta materia, para de se -vea que si las polestades seculares han lievado sus rigoresa extremos no aprobados, es precisamente porque, 6 se han des- viado de las reglas de la politica catélica , trazada por los Pa- pas , 6 han adjudicado a su autoridad lo que no la pertenecia. : Como se deja comprender facilmente ,. habiendo’ los. Reyes Catdlicos planteado-en sus. reinos el tribunal de la Inquisicion, era muy obvio que tuviesen ese planteamiento por obra suya, y que pretendiesen intervenir en sus procedimientos; y, en efecto , asi sucedia pocos aios despues de inslalado. ¥), cual tenia que ser el resultado de esto? La adopcion de sistemas que podian no estaren armonia con la conducta suavey benig- na ‘propia dela Iglesia con los que siguen doctrinas errdéneas. ‘Todo esto es una verdad demostrada por la experiencia. El Tribunal del Santo Oficio fué en Espaiia, mas bien régio que eclesiastico : asi,.se aplicé desde el principio,4 los, que eran juzgados por ély convencidos de errores en la fe defendidos con pertinacia, ¢l castigo general de aquellos: tiempos, que era el del faego, Si los delitos no tenian-trascendencia , se imponia 4 los culpables el signo exterior, que los diferenciaba de los, de- mas, llamado el sambenito. Elilustrado P. Mariana, al hablar de este escapulario ; dice en el capitulo y libro que hemos cita- do, que-esto'producia buenos efectosy daba felices resultados para la conversion de algunos y para retener @ olros. Sin em- ‘argo,es necesario advertir que esos rigores, llevados a ese punto; no armonizaban con las practicas establecidas por los Su- mos ‘Pontifices. Asi es , que el mismo Papa » que en mil euatro- cienlos setenta y ocho, accedid los ruegos de Isabel la Catélica y expidié la Bula para el establecimiento del Tribunal, cuatro afios despues dirigia 4 la misma soberana.un Breve, en el cual, Tomo i. il
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