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— 4p — nosolros, queno queremos saber la ciencia de tus caminos *; pero este mal es la consecuencia necesaria que resulta de esa civilizacion : porque como dice admirablemente San Agustin *: La caridad y la codicia no pueden habitar juntas en el cora- zon: si se ha de instalar la una, tiene que arrancarse de raiz la otra. Concluimos, pues. Dios es caridad, como dice el discipulo amado °; si la sociedad enlera se deja arrastrar por una civili- zacion material , sensual y egoista, {qué tiene que suceder? Un necio que vivia entregado 4 todes los deseos desarreglados de la concupiscencia, decia en su corazon: No hay Dios: y que- ria decir: ; Ah, sino hubiese Dios! A este insipiente le decia ~ su razon, que hay un Dios vengador del crimen; y como él vivia encenagado én todos los vicios, deseaba eu su corazon que no hubiese Dios. Pues lo mismo sucede a una sociedad que ha convertido 4 sus individuos en iddlatras de si mismos. Marcha por tanto la sociedad por un camino ‘opuesto aal que Dios la ha sefialado, y esto ha de producir males sin cuento, gacion de ciertas asociaciones de obreros , y muy especialmente en la titulada: La Infernacional, cuyo estudio nos ocupara en el siguiente razonamiento. * Job, cap. XXII. vy. 417. * Homitl. VIII. int. 50." * 4. Jo. cap. IV. v. 16. —
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