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ie. ca, lo que la misma razon natural ensefia que tiene que suceder, despues de establecidos ciertos a que per eer za son disolventes. = Pero es preciso reducir we punto 4 un anblisia Logica y de él resulta, que el protestantismo es el gran monstruo de siete cabezas, en las cuales se ve una corona de dominacion transitoria , por cuanto lleva una herida de muerte. Cada una de estas cabezas esta coronada de un error y un crimen, los cuales vamos 4 enumerar, para demostrar que, cuanto esta acaeciendo hoy en la sociedad, es el efecto inmediato de las doctrinas pestilentes del protestantismo. La primera corona es, la negacion de la autoridad de Ja Iglesia: segunda, negacion tambien de la potestad de los reyes: tercera, proclamacion de la libertad del individuo contra la religion revelada : cuarta, sancion del principio de la soberania del pueblo: quinta, in- troduccion de un nuevo cesarismo: sexta, la sustitucion de la idolatria del racionalismo 4 la antigua del paganismo; y séti- ma, conversion del hombre y de la sociedad, del amor de las cosas del cielo 4 las de la tierra. Estas doctrinas fueron proclamadas por Lulero, Calvino, Zuinglio, Teodoro Beza, Martin Bucero, Lelio Socino y otros hombres , seduciendo con ellas a los pueblos, y auna algunos principes; y fueron ellas tambien el gérmen que habia de pro- ducir con el tiempo, la revolucion que en Inglaterra llevéa Carlos I. al patibulo, la que mas tarde arrastré en Francia a Luis XVI. 4 la guillotina; y esa es la civilizacion turbulenta, sin principios fijos, fluctuante, sediciosa, que se esta tradu- ciendo, hace ya un siglo, en derribar tronos, en arrojar de ellos 4 los reyes, y en tener a los pueblos en alarmas incesantes, y en ocasioaar guerras atroces, pero‘tan atroces, que dejan atras 4 las de los tiempos Ilamalos dle barbarie y de oscuran- tismo. q Pero nélase desde la aparicion del protestantismo una dife-

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