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iitegt EE one resultados que tuvo para la sociedad, la resistencia que opusie- ron los Sumos Pontifices4 las intrusiones de los Reyes en las cosas de la Iglesia, y al despotismo con que algunos de ellos in- tentaban gobernar la sociedad, y a la arbitrariedad con que disponian de sus subditos. El imperio romano de Occidente debid su estabilidad y su permanencia a las sabias disposiciones de los Papas, quienes, asi como lo fundaron , impusieron a los que debian empuiar el cetro imperial, la obligacion de ir 4 Roma a recibir de manos del Pontifice la corona del imperio. Y estaba tan radicada en la conciencia de los pueblos y de los principes Ja conviccion de que era necesario, para ser tenido por emperador legilimo, el ir 4 Roma el electoa ser coronado por el Papa, que sin esta con- dicion, no se le rendia totalmente el homenaje por los vasallos y por los barones, ni el elegido se tenia por verdadero emperador. Y asi, vemos que aun los impios Enrique 1V. Enrique Y. los Otones, y Federico Barbaroja, que tanto persiguieron @ los Pa- pas, desde SanGregorio VII. hasta Inocencio LY. , no suscilaron sus querellas y persecuciones, hasta que no se veian coronados, disimulando con taimada hipocresia su odio concentrado, 6 humillandose fingidamente ante el Sumo Pontifice para obtener el perdon y la coronacion, si acaso habian cometido algape falta, antes de ir 4 Roma para obtenerla. Otro tanto acontecié respecto 4 laeleccion del sucesor en el imperio; pues para evitar las disensiones y las guerras civiles que acaecian en esos casos, el papa Gregorio V. did una Bula para esta eleccion, disponiendo que siete principes del imperio estuviesen investidos del derecho de elegir al nuevo emperador, siendo este derecho hereditario ‘. Aun en medio de las diver- gencias de los electores, que sobrevenian algunas veces, el re- medio de los disturbios que ocasionaban eran los Papas: asi ‘ Belarmin. lib. III. de translat. imper.
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