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am 7D xm pena de muerte, tan pronto como oigan las melodiosas armo- tiias que le rodean para alabarlo , y todos le obedecen excepto los tres jévenes hebreos, que viven en el palacio del mismo rey, quienes prefirieron morir en las Hamas 4 someterse &em el monarca no tenia derecho 42mandar*. El mismo caracter de despotismo cesdreo se nota en el ray Antioco, cuando mandé6a todos los judios que, dejando su cul+ to y sus leyes religiosas , viviesen como los griegosy adorasen. 4 Jupiter Olimpico *: y el mismo se descubre en los emperado- res romanos de los tres primeros siglos del cristianismo, los cuales se aferraban en su tema, de que los cristianos no habian. de tener mas conciencia que la suya: y que habian de quemar incienso 4 dioses de piedra y de lefio, lo que la conciencia de ellos reprobaba , porque sabian con ciencia cierta , que aquellos no eran ni podian ser dioses: y porque Dios mismo Jes habia mandado que no diesen al César lo que no le perlenece. Ese caracter del cesarismo pagano era, en lo general, salvage, bestial y barbaro, como hijo de la mas esttipida ignorancia, hasta de los primeros principios del derecho natural. La fuerza brutal era la ley, el — y la sancion de este cesarismo férreo. Si alguna excusa Sehateghedtinn a este paitelniheitiatatin, habria que buscarla solo en la ignorancia ; pero ni aun esta cabe, pues la historia nos demuestra que esos Césares supieron mu- cho para procurar su engrandecimiento, y que muchos de ellos mancharon con su despotisino el lauro de sabios y filésofos que se grangearon, como fueron Trajano y Marco Aurelio: pues estos Césares supieron reunir el caracter sofista, racionalista y seductor de la ciencia carnal, con el fiero y harbaro de un. ‘Ne- ron, un Domiciano y un Diocleciano. ; Verdaderamente , Trajano y Marco Aurelio en pleno paga- ' Dan, cap. Ill. v. 5. 6. * 2. Machab. cap. VI. vy. 4. 2.

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