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a E A MR ia a A 404 Cartas DeL Beato DieGO enfermedad, ros presentamos ayer á su Provisor para pedirle licencia de confesar, si en algún pue- blo de la diócesis nos lo pedían, con intento de se- guir inmediatamente á Orense; pero habiéndome conocido en Toledo, nos ha detenido para que de- mos aquí principio á las misiones; lo que será ma- ñana, Dios mediante, en el convento de Nuestro P. Sto. Domingo, por ser la iglesia más capaz de esta ciudad y estar haciéndose obra en la catedral, que quedó toda muy maltratada de un rayo en el año pasado; pero la asistencia nos la ha obligado á tener en el palacio de su ilustrísima. Ya conace- rá V. por todo esto, que me ha servido de regla la que recibí en Sevilla al pasar por allí, y que no he tocado Badajoz, ni en los pueblos de la Extrema- dura, donde temía que nos detuviesen. ¿Pero qué diré de mí? que siempre el mismo en ingratitud, sigo disipado, y ya con las obscurida- des, desengaños, repugnancias, sequedades, melan- colías y demás cosas ordinarias. Justo castigo y efecto de mi asombrosa insensibilidad. Con ella cla- mo á Dios que me conceda llenar su santísima vo- luntady todo al fin para que se ha servido en- viarme. He procurado suplir en unos días la disciplina, que no he podido hacer en otros, y durante estas misiones, añadiré terceras diarias disciplinas á las dos que V. me tiene concedidas, interin que recibo la respuesta que podrá dirigirme á Orense, si tiene V. allí á quien recomendarla. Sigo bueno ayunando y con la abstinencia, sin haber experimentado la más leye novedad en las dos semanas que lleyamos de Adviento. Deseo á V. toda salud, y á mi vene- rando abuelo y bendita hermana, cuyo día es hoy: mande V. al que es suyo de corazón, déme su san- ta bendición y sus oraciones, mientras ruego á
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