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Año 1793 361 que dije una tarde al pueblo: «Si digo ú os he dicho algo que no sea doctrina de Nuestro Señor Jesucris- to arrancadme la lengua, y clavarla en esos sitios públicos para escarmiento de otros y para confusión mía» (1). Expresión que causó bastante conmoción en el concurso que presidía el Sr. Obispo. Después supe la investigación que algún sujeto particular había hecho de algunos de los textos que alegaba, y conjeturé no había sido en vano dicha cláusula; aunque dicha y reflexionáda con bastante confusión mía. Las pláticas al Clero fueron á la manera de un torno, que dando vueltas ya apretando ó sujetando alguna cosa, que al fin queda sin efugio. No acierto, P. mío, á explicarme de otra suerte. Bendito Dios, que desentendiéndose de mi bárbara ingratitud, se humilla con inefable dignación á poner sus santísi- mas palabras en mis inmundísimos labios, y hacer- me que las pronuacie con toda la verdad de mi corazón y de mi alma. Pero ¿será creible? yo siem- pre, yo; siempre duro, insensible, disipado etc. ¡Oh cuánto temo si seré del número de los réprobos! No puedo apartar esto de mí; Dios tenga misericordia de mi pobre alma. Del fruto nada puedo decir; sólo sí, que habiendo venido á la ocasión del atentado de la muerte del Rey de. Francia, se contuvo entera- mente la plebe, en hacer otros tales con los franceses comerciantes, que se hallan aquí y fué necesario (1) De los concurrentes á esta misión había quienes iban ut caperent eum in sermone, tal vez, para delatarlo como en Sevilla, Mientras predicaba el santo misionero hacian sus comentarios y charlaban, no faltando quien olvidándose del sitio sagrado en que estaba, riése descaradamente una Otra vez. Entonces fué cuando arrebatado por el celo de la causa y casa de Dios, dijo las expresiones que dan margen á esta nota, 46

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