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Año 1792 35 fuese á suplir por el predicador del día de Ntro. Pa- dre S. Francisco; fuí en efecto á toda prisa; predi- qué del S y me enibarqué para Sanlúcar, donde es- tuve una noche y despaché con el Excmo. Señor Arzobispo de Sevilla algún encargo que llevaba y la mañana siguiente salí para el Pto. Santa María, donde ya me aguardaba mi P. Provincia] pasado, para el encargo de la reunión premeditada. Le ha- blé, me oyó con paciencia y me satisfizo en tales tér- minos que me hizo demostrable como la luz la rec- titud, justicia y verdad de su proceder. así en el tiem- po de su provincialato como después. No estaba yo ajeno aunque en globo, de esta verdad; y así más por satisfacer á los otros padres y obedecer á usted, que por persuadirle de un supuesto supuesto, me de. terminé á este viaje. En esta semana, Dios mediante, salgo para la misión de Córdoba que debe ser de nueve días; de allí no se donde iré; si será á Moguer ó á otra parte. Las fuerzas no andan muy. sobradas y el estómago, suele quejarse algún rato del flato ardiente, sin pasar de aquí. El interior indevoto, disipado y lleno de miserias. Me hallé con deseos en la misión de Morón de hacer tres disciplinas diariamente, y teniendo buena pro- porción para ello, las hiee: lo mismo sigo haciendo en los diez días que se cuentan estar aquí desde mi llegada, hasta el de mi marcha, ya que no son ejer- cicios formales como los necesito. Si V me da su li- cencia seguiré las mismas tres en todos los días que pueda: pues me parece que la muerte no anda lejos. Reciba V. mil expresiones de estas buenas nietas, déselas á mi V. abuelo y bendita hermana, mánde- me lo que guste; déme su santa bendición y enco- miéndeme á Ntro. Sr. á quien ruego guarde su vida muchos años en su santo amor y gracia. AT FR 2, E e o
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