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Año 1792 341 dicar'se llenaba mi interior de verdadera devoción, y que hablaba al alma con un modo y eficacia supe- rior á toda la pasada predicación. Veíu también al pueblo que oía con suma devoción y respeto, concu- rriendo eclesiásticos, religiosos, señores, gente esco- gida, con una suspensión que no podía yo dejar de notarla. Todo el espíritu y sustancia de ella fué proponer el espíritu de la vida cristiana, según la doctrina del Santo Evangelio, y los ejemplos de Ntro. Sr. Jesucristo. Prediqué los asuntos que nunca he predicado, y entre ellos en el tercer domingo de Cuaresma (por la tarde supongo) la inteligencia y práctica de aque- lla sentencia de Ntro. Señor Jesucristo: Spíritus est Deus; et eos qui adorant eum in spíritu et veritate oportet adorare. Creo no se olvidará jamás este ser- món en Sevilla, porque derramó Dios un torrente de misericordias sobre mí para hablar y sobre el pueblo para oir y entender. ¡Benditas sean sus mi- sericordias! Casi esto mismo sucedió en todos, sin- gularmente en algún otro, ó en los más de los nueve que se predicaron. Después dispuso el Sr. Arzobispo ocho días de ejercicios á los eclesiásticos, los que empecé el día 20 y voy continuando con visible asistencia de Dios. El asunto que en ellos he propuesto es el espíritu de N. S. Jesucristo como preciso y necesario en nos- otros para todos y para cada uno de nuestros mi- nisterios. Creo habla Dios, porque es notable la devoción y eficacia suave y dulce con que me hace hablar, y la suspensión con que me escuchan todos, presente su Ex.* Sea Dios glorificado, pues no obstante mis continuos temores, sequedades, tinieblas, d. no deja de hacerá todos visible lo que tal vez yo mismo no conozco.

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