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CARTAS DEL BEaATO DIEGO Sevilla 24 de Marzo del 92. Amadísimo y venerado P. mío en el Señor: éste sea siempre con nosotros. ¿Qué dirá V. de mi largo silencio? Lo he senti- do, pero no he podido hacer otra cosa: porque los viajes y asuntos no han dado lugar á escribirá V., ni lo hay ahora para referirle las misericordias de Dios y sus maravillas, que tales son las que ha he- cho en este tiempo con este ingratísimo ministro suyo. Antes y después de emprender mi viaje á Ecija, y aquí fueron fortísimas las repugnancias, congojas, que me acompañaban; siguieron éstas con fuertes desganos y obscuridades para la predicación” hasta la hora de predicar, en que un rato antes iban ocu- rriendo algunas especies á fuerza de estudio y de mil dificultades, Prediqué los tres sermones de Cua- renta Horas en Ecija, ayudando Dios visiblemente. Me vine acá inmediatamente y continuando la mis- ma obscuridad y tinieblas con crecidos interiores desganos. El Excmo. Sr. Arzobispo dió parte al Ilustrísimo Cabildo de la misión que pensaba, y éste le respon- dió que no sólo le parecía bien, mas que ofrecía la Iglesia Catedral y el púlpito principal pura ella; y asistir todo de comunidad. Ejemplar que jamás ha tenido semejante; pues cuando más lo han concedi: do en el trascoro, al Rmo., P. Tirso González en el siglo pasado, y á mí en el tiempo del Eminentísi- mo Sr. Delgado. Noté el júbilo nada vulgar de estos y de todos y creí quería Dios la misión. La empecé el día 7 sin faltar la congoja interior y Obscuridad; pero notando que en el hecho de pre-
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