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AS 328 CARTAS DEL BrEaATO DIEGO da, que murió la mañana del día 9, lo que aviso á V. para que la encomiende á Dios. Después no he seguido los baños porque el tiempo anda revuelto y fresco. Viniendo al asunto de mis cartas sobre la im- presa de los bailes, que efectivamente es mía, digo á V. ha sido necesaria toda la dulzura y caridad con que me corrige, para que el ánimo no haya hecho de las suyas, pues no obstante ella, me he afligido no poco. La distancia es causa, P. mío, de que yo le moleste menos, y de que yerre más. El Sr. Tenorio me pidió pronta respuesta, porque tenía dispuestas sus cosas. Creí no tenerlo para preguntar á V.,; me propuse responderle en su modo; que sin decirle era yo el autor, conociese, siendo como es muy avisado, que lo era; para que no escribiese contra la carta, que fué lo que me pensé que haría. Luego que ví su intento de escribir á la Corte, me propuse hablarle con el ardor y fuerza que contiene la segunda, para contenerlo y obligarlo á que desis- tiese de su intento. Bien me hice el cargo desde luego, que tal vez mi primera carta no sería confor- me á la sinceridad cristiana; pero también creí pro- ceder con santa cautela, según aquello: Non omni homini reveles cor tuum, y más no declarándome él el fin de su pregunta determinadamente. Me afané no poco por despacharla brevemente, pero ya veo cuan si fruto y sin acierto. (1) Cada día conozco por la experiencia, amado P. mío, que soy 1) La famosa Carta sobre los bailes escrita á la Duque- sa de Medinaceli por el Bto. Diego fué impresa sin el con- sentimiento y sin el nombre de su santo autor, cosa que le amargó sobremanera, como era natural, por las fatales con- secuencias que podrían sobrevenirle. Un abogado de Cádiz confidente del P. Cádiz sospechando que dicha carta había sido escrita por el Bto.,le escribió que iba á delatar al editor
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