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308 CARTAS DEL Braro DrEGO0 como aparentándose el estómago para descomponer- se, de modo que si hubiese continuado la predica- ción, creo se habría formalizado algo, El ética que lo predijo antes, se ratifica en que no debo hacerlo, y ya ha visto este Prelado el esfuerzo que hemos hecho para servirlo y que no podemos todo lo que desea. No obstante esto y los eficaces encargos de mis Padres Provinciales pasado y presente, de no darme á la predicación, estoy resuelto 4 predicar otro tri- duo en Lucena á los eclesiásticos, porque es extraor- dinarísimo el empeño de este Sr. y las repetidas in- sinuaciones, aunque ha visto y ve mi ruín situación; pero aún no hemos terminado este punto. Su Exce- lentísima me ha hablado á solas y todo su asunto es, hallar medios para desprenderse de negocios que le distraen de la atención grande que le pide un fuerte llamamiento interior á la oración, y continuo trato con Dios. Hago juicio que si tuviese á su lado un hombre de oración como lo apetece, se vería en poco tiempo volar en la perfección. Ya lo tenemos ojeado un religioso observante de Sevilla, hombre muy docto y espiritual y vamos empeñados en ha- cer los mayores esfuerzos para conseguir que se yen- ga. Con esto quedamos ya en libertad para retirar- nos á nuestro destino y creo se verifique del 20 al 21, Dios mediante. He procurado fomentarle mucho estos intentos, porque me parece es tan claro el impulso como la luz del día. Veo también que se halla achacoso y es temible una muerte pronta y quizas no espaciosa; y aunque me dice el P. Eusebio sería bien aconsejarle pusiese un gobernador y se desprendiese de todo, no me atrevo á proponérselo, mientras no sepa yo por usted la voluntad de Dios ó lo acertado de este consejo, que podré significárselo por escrito. Sus deudas son gran-
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