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278 CARTAS DEL BrEATO DriEGO Ya dije 4 V. que con a recibo de su última quedé consolado, y calmó la zozobra en que estaba con su silencio. (1) Deseo no tenga noyedad en su salud y que siga con felicidad en todo: yo empezé el santo Adviento con ayuno y abstinencia, pero ésta dispuso el médico á los seis días que la dejase por algún daño que ocasionaba el uso del pescado: he seguido ayunando, no obstante que en las tres semanas que lleyamos de él se ha empezado á re- sentir algo el estómago con el flato ardiente; pero ya parece que esto ha calmado hace tres días, y que puedo continuar mi ayuno, mientras que Dios me conserve así. Ayer concluí los diez días de ejerci- cios anuales, pero con tal miseria que he salido de ellos tan ruin y disipado como los empezé: Dios ten- ga misericordia de mí. Tal estoy, que no sé que decir á V. de mi interior, me parece es un caos, donde sólo se descubre el horror de las tinieblas, y el pavor de su lobreguísima profundidad: me hallo dominado de todas mis pasiones, y distantísimo de todo lo que es devoción y virtud. No puedo sin ho- rror considerar la situación en que me ballo: su Majestad se lo manifieste á V. para que pida mi remedio. Aunque me parece que sería alguna parte de él el volver á las tareas de las misiones, ver á mi Pa- dre Provincial inexorable en este punto según que se explica conmigo, y con otros que le tratan de mi. (2) Había pensado insinuarle algo de la falta (1) Esto prueba que escribió otra carta, cuyo paradero desconocemos. 2) El P. Provincial á que alude era su paisano el M. R. P. Fr. Francisco José de Cádiz. Este buen P. conoce- dor del espíritu y celo del Beato temía con razón que los continuos trabajos de púlpito y confesonario acabasen pre- maturamente la preciosa vida del P. Cádiz, Por esto lo man-

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