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262 CARTAS DEL BEATO DIEGO Recibo con el debido aprecio las dos de V. de 28 del pasado y 1.” del corriente y me han llenado de aflicción y congojado hasta lo sumo, por verá usted, poseido de amargura, con la especie del Obispado, y sus antecedentes ocurreucias que tanta fatiga le han ocasionado, Su Majestad dé á V. el consuelo que necesita y el esfuerzo correspondiente para sopor- tar el peso de esta tribulación. Pero, P. mío ¿porqué se aflije V. tanto con las permisiones de Dios sa- biendo que sean estas las que fueren, sus fines no pueden dejar de ser de su mayor gloria? Si de su re- nuncia de V. se sigue el acrecentarse la virtud de la palabra de Dios que anuncia y resulta la conversión de algún ambicioso, qué dichoso será V. y cuánto motivo de consuelo para su alma que así suceda. El propio fundamento que tiene V. para temer, si le obligan á someter los hombros á su peso, tiene para persuadirse que con él subirá á las eternas mansio- nes; no debiendo dudar que lios oye su oración, en que le pide sea sola su santísima voluntad, la que se cumpla, y lo libre de todo lo que no sea según ella, por lo menos yo vivo en esta seguridad. Su Majestad disponga lo que sea más de su divino agrado. Aque- lla Excma. Sra., por cuya mano fuéel Memorial que V. sabe, ha muertu ya, con que nos falta este con- ducto para hacer un esfuerzo á favor de su deseada tranquilidad ó libertad. Con todo, si llegare el caso estrecho que V. teme, no dejará su ruín hijo de mi- nar la tierra para hacer por su P. algún empeño, si esto lo juzgare conveniente y necesario. Me consuelo con la salud de V. en medio de tan- to trabajo, y de sus graves disgustos, y pido á Dios su continuación; la mía sigue en los términos, que en mis anteriores he dicho, pues ni el dolorcillo ni la convulsión acaban de disiparse; se alivian por ra- tos Ó por algún día, y luego vuelven: obedezco ú

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